En la crianza respetuosa el ofrecer un abrazo en los momentos caóticos hace magia.

Aplicando la crianza respetuosa en medio de un berrinche o pataleta, he notado sus efectos positivos a medida que pasa el tiempo, es decir, a largo plazo.

Sabias que los niñ@s necesitan tus abrazos para sentirse parte del mundo?

La crianza respetuosa tiene como propósito educar de forma consciente, asertiva y con limites como forma del cuidado. El niñ@ es ser activo, el adulto confía en sus potencialidades para aprender y descubrir el mundo por sí mismo. Eliminando los prejuicios hacia los niños y logrando que el niño disfrute su infancia a plenitud.

Si el niñ@ llora o tiene mal comportamiento es porque hay una necesidad no resuelta. Al decirle “no llores, no pasa nada” no estamos validando sus sentimientos y emociones.

En la crianza respetuosa el apego es método de vida. Los mimos, el cariño y el amor son elementos esenciales para brindarle al niñ@ como forma de vida.

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  1. Darse tiempo a solas. Respetar espacios que disfruta el otro.
  2. Conversar de lo que sucede en el mundo.
  3. Poner reglas de situaciones o eventos que estresan al otro.
  4. Comunicar sentimientos.
  5. Hacer planes juntos.
  6. Demostrarse cuanto se aman no solo con palabras sino con hechos.
  7. Cuidar al otro.
  8. Hacer agradable este tiempo juntos, aprovechando las habilidades de cada uno.
  9. Mantener encuentro íntimo.
  10. Admirar y agradecer por estar juntos.

Citando a Papalia (2009) Las siguientes pautas, pueden ayudar a los padres de infantes a desalentar el negativismo y a alentar conductas socialmente aceptables.

  • Sea flexible. Aprenda los ritmos naturales de los niños y sus agrados y desagrados.
  • Piense en sí mismo como puerto seguro, con límites seguros a partir de los cuales el niño puede emprender el descubrimiento de su mundo y al cual el niño puede retornar para encontrar apoyo.
  • Haga su casa segura para niños. Ponga a su disponibilidad objetos irrompibles seguros para explorar.
  • Evite el castigo físico. A menudo es ineficaz e incluso puede conducir al infante a causar más estropicios.
  • Ofrezca opciones —aunque sea limitadas— para darle cierto control al niño (”¿Quieres bañarte ahorita o después de que leamos un libro?”).
  • Sea consistente al hacer valer los requisitos necesarios.
  • No interrumpa alguna actividad a menos de que sea absolutamente necesario. Trate de esperar hasta que la atención del niño haya cambiado.
  • Si es necesario que interrumpa, advierta de ello (“Ya pronto nos vamos a tener que ir del parque”).
  • Sugiera actividades alternas cuando el comportamiento se torne inaceptable (cuando Ashley empiece a arrojar arena en la cara de Keiko, diga “¡Mira! Nadie está usando los columpios. ¡Vamos a columpiarte bien alto!”).
  • Sugiera; no ordene. Acompañe sus peticiones de sonrisas y abrazos, no de críticas, amenazas o restricciones físicas.
  • Conecte sus peticiones con actividades placenteras (“Es hora de que dejes de jugar para que me acompañes a la tienda”).
  • Recuérdele al niño lo que usted espera (“Cuando venimos a este parque, nunca salimos fuera de la reja”).
  • Espere unos cuantos momentos antes de repetir una petición si el niño no la acata de inmediato.
  • Utilice tiempos fuera para finalizar conflictos. De manera no punitiva, retírese usted mismo o al niño de la situación.
  • Espere menos autocontrol durante momentos estresantes (enfermedad, divorcio, el nacimiento de un hermano o una mudanza a una casa nueva).
  • Espere que sea más difícil que los infantes acaten lo que deben de hacer que lo que no deben de hacer. “Recoge tu cuarto” requiere de mayor esfuerzo que “No escribas en las paredes”.
  • Mantenga el ambiente lo más positivo posible.
  • Haga que su niño quiera cooperar.
  • Póngase a la altura del niño.
  • Establezca siempre el diálogo.
  • En los momentos caóticos tome por un momento distancia para regular sus emociones.
  • Recuerde que su hijo está analizando y evaluando todo sus pasos.

 

Papalia,D. E., Wendkos Olds, S., & Duskin Feldman, R. (2009). Psicología del Desarrollo: De la infancia a la adolescencia. Undécima edición. México. Editorial Mc Graw Hill.

Esta frase: “No Pasa nada”, normalmente es utilizada por los padres para informarle o decirle al niñ@ que sí se cae, o si un amiguito lo tropieza, o si la mamá/el papá se van de viaje y no le informan, él no pueda expresar su verdadero sentimiento ante lo que le sucede. Se le dice: no pasa nada, haciendo referencia a que al fin y al cabo en cualquier momento niño o adulto, se pueden tropezar muchas veces o habrán situaciones difíciles pero se debe seguir adelante.

Esto lo hemos aprendido desde generaciones pasadas.

Cuando decimos esta frase, le estamos brindando atributo a que ante cualquier dificultad que nos suceda debemos actuar “normal”, o sea, debes suprimir tu emoción de tristeza y hacer como si nada te hubiese ocurrido, es decir,  no debes rendirte ni mucho menos mostrar debilidad llorando o sintiéndote triste.

PERO, realmente si la analizamos notamos que cuando se dice “No pasa nada” como padres también buscamos evitar momentos de llantos o que generen caos e impidan nuestra tranquilidad o dañen el momento por decirlo así.

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Este post va dirigido a los padres que desean analizar si la salud mental de su hijo (a) va por buen camino.

Analizo los diferentes trastornos mentales que desencadenan algunas situaciones de la vida personal y social de cada persona, y me propongo a darle a mi hijo lo mejor de mí en cuanto a bienestar emocional.

Y es que nos olvidamos en que nuestros hijos (a) crezcan sanos mentalmente. Me refiero al hecho de que el mundo esta cambiando e yendo tan rápido, que el tiempo es muy corto para hacer muchas cosas y dedicarles tiempo de calidad a nuestros pequeños.

Si queremos niños (a) capaces, dispuesto a ayudar, a ponerse en el papel del otro, a interpretar las emociones, a ser bondadosos, tolerantes y todo lo bueno que puede tener una persona integra, necesitamos proponernos hacer de nosotros alguien mejor para poder transmitírselo a ellos.

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Pensamos que ya habíamos pasado la etapa de los berrinches.

Qué equivocado estábamos! ahora, llegan como huracanes. De la nada, de repente, sin ningún motivo que lo generen, solo arrasan con lo que este a su alrededor.

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La navidad es la época más hermosa de todas. Nuestros sentimientos salen a relucir, nos volvemos más amorosos, más serviciales, en sí, mejores personas.

Nos dejamos envolver de canciones con mensajes mágicos, luces y decoraciones que nos transportan a esas historias de cuentos llenas de fantasías. Y esa misma magia, sirve para tener en cuenta más al otro.

Y con nuestros hij@s pasa que queremos demostrarles todo nuestro amor, lo orgulloso que nos sentimos porque estén en este mundo. Entonces, el día de celebración de navidad, el nacimiento del niño Jesús consideramos que es un día especial para creer que es posible un mundo mejor, nos llena ese día de esperanza y de tener mayores fuerzas para luchar por nuestros sueños. 

Nuestra emoción por hacer ese día especial hace que queramos lo mejor para nuestros hij@s. Y al mismo tiempo, compremos todo tipo de juguetes para que “reciban muchos regalos”. Sin embargo, hay una regla de 4 regalos que si la analizamos y la tenemos en cuenta es muy cierta: 

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Quiero contarles nuestra experiencia desde hace tres semanas en la operación pañal.

Todo inicio porque me di cuenta que Lucas podía durar con el pañal todo el día sin mojarlo mucho.

De igual forma, venía avisando y fastidiándose cuando tenía el pañal sucio. Quería que inmediatamente se le cambiará. Esto también pasaba cuando él tenía ganas de orinar, lo manifestaba justo cuando estaba orinando en el pañal. 

Aunque ya teníamos claro que estaba listo para dejar el pañal, decidimos esperar un tiempo, porque nos habíamos mudado hace poco, y debía adaptarse primero a su nueva casa, espacio. Para que de esta manera, se sintiera más seguro y confiado. 

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Les ha pasado con sus hij@s que todo iba bien, jugaban, se divertían, se mostraban felices hasta que algo les molesto y daño todo el momento. Y no hubo forma para que volvieran a su estado de felicidad.

Y es que, “todo estaba bien”, pero cuando Lucas se levanta molesto, fastidiado, porque recordó algo que ya no tiene en sus manos o porque tuvo un sueño o porque no le gusto que nadie estaba cerca de él cuando se levanto, son esos días en que la rabia lo gobierna y se convierte en un niño “malcriado” y como dice él mismo “grosero” (porque esta rabioso).

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